ABRIENDO HORIZONTES

Las grandes D.O. no nacen, se descubren

Ser abiertos con los demás nos lleva naturalmente a serlo a nuevas experiencias y latitudes. No solo en el extrem0 montañoso del Valle del Maipo, sino en el confín austral del potencial vitícola en Chile. Los cambios climáticos nos abrieron paso a terruños volcánicos únicos como el Valle del Malleco.

Y también quisimos ser de los primeros en plantar allí, en el fundo La Golondrina, en el año 2007. Probando diversas variedades de clima frío, finalmente los resultados mostraron el enorme potencial del Sauvignon Blanc, Chardonnay y Pinot Noir.

El pueblo se llama Quino que significa “entre ríos”. Estos suelos rojizos de origen volcánico tienen muchas piedras y un alto contenido de arcilla.
Las temperaturas son bajas y las precipitaciones anuales sobrepasan los 900 mm, características climáticas que nos recuerdan más la Borgoña que el cálido valle central de Chile, entregando acideces vibrantes y alcoholes más bajos. Un vino con carácter e identidad, que en copa muestra frescura y pasión. Una nueva era y un nuevo concepto de lo que significa el extremo Sur de Chile. Un vino que acusa un lugar, un origen, un terruño.

Las tierras rojas de Quino, en el Valle del Malleco, con sus volcanes en el horizonte

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Creando A.O.C

Cuando muchos se extrañaban de que don Victor plantara en el Cajón del Maipo, hoy hemos logrado que se incluyan nuestros viñedos de Boca Chica en San José de Maipo, en la D.O. Pirque como el extremo oriental del Valle del Maipo. Y nuestros viñedos de Quino en la D.O. Traiguén del Valle del Malleco. Pero nuestro objetivo es ir más allá, crear D.O.C.: denominaciones de origen controlado. Potenciar el origen con criterios de calidad: el origen es una marca que proteger.

Las A.O.C. (Appellation d’Origine Contrôlée) nacieron en Francia a comienzos del siglo XX como una forma de proteger el origen y la calidad de los vinos frente a fraudes y copias. La idea era sencilla: un vino debía reflejar claramente el lugar de donde proviene. Para eso, se definieron reglas sobre qué uvas podían plantarse, cómo se cultivaban los viñedos, cuánta uva se podía producir y cómo se elaboraba el vino. Con el tiempo, este sistema ayudó a valorar el concepto de terroir, es decir, la relación entre suelo, clima y trabajo humano.

El modelo francés influyó profundamente en el mundo del vino y fue adoptado, con distintas variantes, en muchos países. Surgieron así las apelaciones de calidad controlada en Europa, América y otras regiones, todas con el mismo objetivo: garantizar al consumidor un origen claro y un nivel mínimo de calidad, y al mismo tiempo proteger la identidad de cada territorio. Eso es lo que CASAFÈVRE quiere empezar a hacer, desde Pirque hacia Chile, hacia el mundo.

Espíritu pionero

Cuando a principios de los noventa don Victor y el Sr. Fèvre eran los primeros en plantar viñedos de alta gama en la altura del cajón del Maipo, todos se extrañaron. "Aquí nieva patrón, y el viento es bravo, se le van a morir todas las plantas". Menos mal que insistieron y apareció ese espíritu que pocos tienen en la vitivinicultura, cuando se decide plantar en lugares desconocidos, guiados más por la observación del territorio y la intuición que por las reglas establecidas.

Es una forma de atreverse a leer el clima, los suelos y el paisaje con una mirada abierta, aceptando el riesgo de equivocarse para descubrir nuevas expresiones del vino. Gracias a ese impulso, muchos territorios hoy reconocidos nacieron desde la curiosidad, el trabajo paciente y la convicción de que el lugar puede contar su propia historia a través de la vid.

Los estudios demostraron que la intuición era correcta. Muchas calicatas, dejando hoyos profundos en todos los campos, para ver la composición de las distintas capas. Planos de conducción electromagnética, con un tipo en una moto disparando sobre cada hilera para ver la concentración de arcilla. O una avioneta fotografiando los campos para ver el desarollo foliar.

Los resultados eran cada vez más evidentes, una combinación perfecta de suelos aluviales y coluviales para tres factores claves, especialmente para el Cabernet Sauvignon: equilibrio hídrico, diversidad de nutrientes y buen drenaje.

Valor y pasión

Algo común en CASAFÈVRE es el valor. Se nota en la pasión, no solo en el oficio vitícola, sino a través de la vida. Esta historia de amor del Sr. Fèvre lo demuestra.

Su historia de amor es tan intensa que parece sacada de una película; de hecho, muchos creen que inspiró el guion de Before Sunrise. Antes de la Segunda Guerra Mundial, William Fèvre regresaba a Francia después de cumplir su servicio militar en los Balcanes. Durante un viaje en tren por Austria, conoció a Helga Hincks, una joven austríaca de 17 años que viajaba con su familia. Se enamoraron de inmediato, y él se quedó algunos días en Viena intentando construir algo que creía eterno.

Al volver a Francia, siguieron en contacto por cartas, hasta que Helga fue enviada de urgencia a Inglaterra ante la inminente invasión nazi. Sus padres murieron durante la guerra y William pasó años tratando de encontrarla, sin éxito, convencido de que había muerto. Helga, en cambio, se casó con un médico inglés y formó su vida. Décadas más tarde, ya viuda, su hija pidió una botella de Chablis durante un almuerzo. En la mesa apareció una botella con el nombre del hombre al que su madre siempre había dicho que amó profundamente.

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La hija le insistió tanto que finalmente Helga llamó a Chablis. Al escuchar su voz, William Fèvre —ya en sus ochenta años— la reconoció de inmediato y le dijo que tomara el primer tren para ir a verlo. Desde ese día, volvieron a estar juntos. Sin duda, una historia con la pasión suficiente para hacer un gran vino.

Avanzar en el amor es como avanzar en todo lo que nos apasiona. Lo que queremos no existe si no lo buscamos, y la búsqueda, o el viaje, es parte del placer.